NO HAY PEOR CIUDADANO QUE UN ARTISTA PASIVO, Y PEOR SOCIEDAD QUE UNA QUE NO LO ENTIENDA

POR RODRIGO GHATTAS

POR RODRIGO GHATTAS

Todos sabemos lo que está ocurriendo en nuestra escena artística y cultural Limeña, acerca de los murales que rápidamente se esfumaron frente a los ojos de todos nosotros. Hay opiniones en contra y a favor, pero qué es lo que realmente hace que una sociedad como la nuestra permita o avale la destrucción del arte, en cualquier forma en que esta se haya representado. 

Este es mi punto de vista al respecto, y tengo que volver en la historia para delinear esta visión. Desde los años 80s en los que la gran mayoría de peruanos sufrió las consecuencias del terrorismo, se podía observar que cada pared en blanco en Lima y en la sierra peruana sobre todo, eran los blancos perfectos para las pintas de los grupos terroristas como el MRTA y Sendero Luminoso, algo así como lo que hacían los Nazis durante la II Guerra Mundial utilizando pintas en las paredes como parte de su maquinaria propagandística para provocar el odio hacia los judíos y disidentes. Este hecho se convertirá en un punto fundamental para entender, más adelante, lo que viene ocurriendo en nuestra sociedad “contemporánea”. Por otro lado, tenemos registros anteriores a los graffitis de estos días, como, las pintas que eran realizadas por todo Lima a mano de las famosas “barras bravas” y pandilleros a principios de los 90, poco después fueron los políticos los que tomaron la ciudad y el espacio urbano para hacer propaganda a sus partidos y campañas electorales en cuanto postes de luz y muros encontraban en su camino. Casi a la par, a finales de los 90, se empieza a desarrollar el graffiti en nuestro país, a través de la primera generación de artistas peruanos del Street art.

Por lo que podemos dilucidar en la historia de nuestro país, las pintas o el arte en la pared nunca ha sido bien vista por la sociedad peruana y mucho menos avalada, claro que eso está cambiando desde hace algunos años atrás, pero debemos recordar que la sociedad Limeña está conformada en gran parte por migrantes provincianos que vinieron a la capital, en su mayoría, huyendo del terrorismo que azotaba con fuerza el interior del país. El vínculo que generaron estas personas con las pintas en las paredes no era de admiración o contemplación, era de miedo y muerte. Nunca se vinculó hacia lo positivo sino todo lo contrario. Y ahora, en esta Lima en la que la gran mayoría de Limeños pertenece a un grupo social que denominaría de “bajo gusto cultural” y que en el caso peruano si está, en su mayor parte, ligado a la clase económica social de estas personas, que rechaza el arte abstracto, el arte muralista, el graffiti y casi toda forma de expresión artística que no sea ordinaria y simplista, es mucho más complicado poder defender una cultura artística que genere identidad ante las decisiones irresponsables, insensibles y arbitrarias de nuestros políticos, y de un alcalde que jamás tuvo ni tendrá políticas de gestión cultural oportunas que respondan a las necesidades de nuestra sociedad.

Pero la culpa es de este grupo de “bajo gusto cultural”, de los políticos, de los artistas, profesores o instituciones educativas artísticas?

Yo más bien creo que la responsabilidad es de todos,pero principalmente de las instituciones educativas, profesores de arte y políticos, que no han sabido como delinear la historia artística de nuestro pueblo a través del tiempo y que debido a esto no dotan a los estudiantes de arte con herramientas que les permitan explorar otros conocimientos de los tradicionales, basados en la reflexión y el dialogo a través del trabajo colaborativo del artista en la ciudad. Estamos acostumbrados a ver al artista, la galería y al museo como entes dictadores que tienen la última palabra y que son los únicos autorizados para decidir que es arte y que no lo es, nos hemos olvidado que el arte no es mas un producto sino una conversación, se trata de generar nuevas formas de ver el mundo alrededor, en compañía del espectador y la sociedad, nos hemos olvidado todos que la audiencia dejó de ser meramente espectador para adoptar un papel co-protagónico con el artista. El señor alcalde ha olvidado que el espacio público se basa, justamente, en la relación entre el espacio y las personas, y que precisamente esta interacción social-cultural es la que permite desarrollar la identidad de una sociedad. No hemos sido capaces, todos los agentes artísticos y culturales, de conectar a la sociedad con la práctica artística en el espacio público, ahora no nos debería sorprender que estas expresiones artísticas no sean defendidas por la población, porque para empezar no se sienten parte de ellas.

Debemos empezar por generar valores simbólicos en nuestra sociedad, a través de la innovación artística para lograr cambios sociales. Se trata de una participación cultural de parte de todos, crear redes que nos permitan compartir el arte de manera efectiva y entender el contexto local de nuestra sociedad, debemos articular una comunidad sólida y participativa que permita hacer de estos valores, valores sostenibles en el tiempo que soporten la diversidad cultural de nuestro país. Se trata de desarrollar un universo simbólico, mundos de significación social, igualdad, intercambio de valores que enriquezcan nuestra experiencia social a través del arte (pintura, escultura, performance, danza, música, etc). De esta manera estimulamos el espacio social, generamos ciudadanos activos y responsables, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación, el Gobierno en su totalidad, las Universidades, los artistas, los galeristas, etc, todos debemos replantearnos este tema.